Em S. Sebastian os autocaravansitas estão a ser perseguidos pela polícia.
A notícia vem de um fórum italiano (
http://www.camperonline.it/forum06/topic.asp?TOPIC_ID=7022)
e foi traduzida para espanhol pelo blog etapas em liberdade:
http://autocaravanas-etapas-en-libertad.com/autocaravana1/Un saludo. Regresamos de una gira por el pirineo francés
y posteriormente por territorio español hasta Pamplona y todo
perfecto. Llegados a San Sebastián, por la noche a eso de las 23h00,
nos dirigimos directamente al área señalada en las afueras de la
ciudad y cercana al camping que está sobre una colina. Apenas
llegados, asistimos a una "redada" de la policía municipal que sin
muchas explicaciones nos dispuso en columna a unas cincuenta
autocaravanas y nos condujo fuera de la ciudad.
Nos llevaron debajo de un viaducto fuera de la ciudad donde nos
encontramos en compañía de caravanas y furgones de gitanos y
nuestros vecinos dormían al aire libre, sobre los colchones de
fortuna de mendigos.
Frente a nuestras protestas, respondieron con poco decoro que esta
era la única posibilidad de pernocta en San Sebastián. Tomaron
nuestros números de matrícula y amenazaron con poner multa de 500
euros si nos encontraban en otra zona durante la noche.
Naturalmente, y con otros muchos nos marchamos y encontramos un área
cercana al mar a casi 30 Km de San Sebastián.
Os garantizo que dicha aventura ha sido verdaderamente desagradable.
Además de todo esto, me disgusta comentar que independientemente de
la Costa Brava, España me parece poco organizada para recibir
turismo itinerante, incluso en el área de Barcelona, señalada en la
revista Plein Air, es en realidad una parte de un estacionamiento
destinado a los autobuses urbanos de la ciudad y para camiones que
ha sido equipado con duchas e inodoros prefabricados absolutamente
insuficientes para nuestras necesidades.
Esperemos que en años venideros los responsables políticos de las
ciudades españolas nos ofrezcan las mismas oportunidades de visitar
que encontramos en el resto de países de Europa.
©traducción de José Cristóbal Pérez Hernández